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Archive for the ‘masaje Shantala’ Category

 Crecer es una tarea y no de las más fáciles. El crecimiento conlleva dos vertientes que se entrelazan: el cuerpo y la mente. En el crecimiento físico todo viene dado, como orquestado en una limpia secuencia por un director invisible. El milagro o magia de la vida biológica tiene esa automatización que se desencadena y camina según su programación si nada lo altera o detiene. Pero… el hacerse persona no viene dado y es un trabajo de equipo. La vida brota de la unión de dos células especiales y preparadas a tal fin. Se necesitan dos -al menos hoy por hoy-. De la conjunción de dos surge un tercero (1+1 = 3) tras un periodo de gestación.

El parto es un hito en la trayectoria donde se cambia un medio por otro y el cordón umbilical por un vínculo afectivo, relacional. Desde la unión umbilical se hace posible la recepción imprescindible que permitirá al fruto-ser hacerse hasta que llegado el punto de madurez apropiada busca el camino del desprendimiento y la salida del claustro materno. Y sigue la trayectoria, que a partir de ahí se hace más compleja aún. Hasta entonces el cordón era transmisor de alimento e intercambio vital y ahora es cortado, desechado por innecesario puesto que el nuevo ser posee sus propios medios para lo que era utilizado, posee sus propios pulmones y aparato digestivo. En eso ya es autónomo. Se ha completado un tramo fundamental. Pero quedan otros de igual valor. Dejado está un confort único, una protección inigualable, una situación que ya nunca volverá a tener. No había ni hambre ni sed, ni frío ni calor, de nada se sentía falta. Ha crecido, ha cambiado, ha ganado y también se ha despedido del espacio que le cobijó y colmó durante nueve meses. Del mismo modo, la madre se despide de una situación única con ese hijo. Se despide de llevar a su bebé dentro. Es la primera separación.

El padre, al igual que madre e hijo, habrá de hacer reajustes emocionales. Los tres participan de una nueva situación. Cada uno de los padres, tendrá una función, distinta una de otra, e imprescindible cada una de las mismas. El nuevo integrante, la labor de hacerse con el aprender a vivir. En el abandono del lugar que se le hizo pequeño, el nuevo ser atraviesa un estrecho canal, la vida le impulsa a ello; sigue su curso vital. El aire entrará por primera vez, estrena su fuelle pulmonar y duele; las pupilas reciben la luz deslumbrante, la piel percibe contactos, tactos, roces, temperaturas cambiantes… Surge la primera sensación de desprotección, los efectos de la fuerza de la gravedad con la impresión de poder caer… El llanto es su único recurso expresivo y con ello dice todo esto. Todos los canales sensoriales se inauguran, todo es sensación que se cataloga de placer o malestar. El placer será el cese del malestar y viceversa.
Al encuentro de esta indefensión y desconocimiento de todo, incluso de sí mismo, sale al paso alguien a quien hacia el año llamará mamá. Alguien con quien tejerá un vínculo afectivo primordial. Primero le prestó un espacio en el propio cuerpo y dependiente y unido al cordón umbilical se constituyó su ser, ahora se le “prestará” el psiquismo para que se constituya su propio aparato mental también. Se le dará un lugar en los pensamientos, en los sentimientos, en la casa, en la familia. Se le interpretarán sus llantos, sus gestos, sus sonidos, sus muecas, es decir, se le prestará un sentido verbal a lo que el bebé expresa desde lo no verbal. Paradójicamente se crece y se gana la autonomía desde la dependencia. El calor de los brazos maternos será el lazo que ata a la vida tras la separación fisiológica. Madre e hijo se mecen en una atadura trascendental; atadura por la cual circula la savia afectiva, la savia de la vida emocional, de la vida que da sentido al ser. Esa primera atadura amorosa, donde la madre será la mediadora e interprete, será un referente para siempre. En esa relación cuajada de comunicación no verbal, pero siempre rodeada de palabras, el mundo y él mismo irán adquiriendo sentido. Cada llanto será interpretado, traducido, sea o no contestado. “Pobrecito mío, tienes hambre, ya va, ya va… aquí está tu comidita”, “ay, mi tesoro, que revoltoso eres, que impaciente”, “ven que te abrigue que tienes las manitas frías”, “ya… ya… no llores más, chiquitín; ya pasó, ya, ya…”. Palabras que calman, que aseguran, que dan confianza, que alivian, que dan sentido, que dan calor y borran la fría angustia, o rabia, o miedo, o malestar, o… Palabras que hacen creer que lo malo pasa y es soportable y que luego lo bueno llega. Palabras que impiden la desesperación y, que también, van a ir mostrando que hay un tú y un yo; que producen la imagen, el emerger y la confirmación del sí mismo. Palabras, en definitiva, que el nuevo ser irá haciendo suyas, acuñando y así construyendo la propia capacidad de consolarse y alentarse cuando la madre no esté presente en futuros momentos y etapas de su vida. Pero del mismo modo que hubo de desprenderse del cordón umbilical y abandonar un terreno conocido para adentrarse en otro nuevo donde poner en marcha lo adquirido, tendrá que seguir y no es posible seguir estando atado. El camino espera. Sus nuevas conquistas también.

Habrá de soltarse paso a paso del dulce regazo materno para abrazar nuevos amores. Para esta tarea, ardua y deseada a la vez, necesitará un tercero que abogue por ese desprendimiento. El papá será un ayudante en el cortar ese cordón tan especial que ya no es útil cuando el niño va adquiriendo posibilidades de autonomía. Lo hará reivindicando su lugar en la pareja, “re-seduciendo” a su mujer inmersa en el amor y atenciones al hijo; poniendo fronteras a esa forma de vinculación, de la madre con su hijo, que ha de ir cambiando y progresando, pasando a una relación desprovista del apego y dependencia absoluta, siendo más acorde con la condiciones alcanzadas. La función del padre será de un valor inestimable para el curso del crecimiento.
Se producirá una nueva y necesaria despedida. Cada nuevo paso hacia la autonomía es un alejamiento de la dependencia-atadura inicial y una bienvenida a la apertura y despliegue de posibilidades. El mayor tesoro, la mejor dote que se le puede ofrecer a un ser es la de ayudarle a encontrar su autonomía habiéndole prestado la dependencia necesaria. Madre, padre e hijo. El dos se hizo tres, y cada uno de los tres tiene su parte en la compleja y hermosa tarea que se traduce en que un nuevo ser conquiste un lugar propio, una identidad propia y la propiedad de sí mismo. Ganar y perder es la dinámica de todo progreso. Para ganar se ha de perder. Todo paso adelante deja algo atrás, entraña cambio y, por lo tanto, despedida. Ese es el peaje del crecimiento y su tarea en buena parte consiste en elaborar lo que se pierde para que se traduzca en posibilidad de avance y ganancia. Es todo un trabajo psíquico (para los tres componentes), que como toda tarea puede tropezar con dificultades. Crecer es una tarea amplia, compleja, fascinante. Entre sus múltiples aspectos hay algo que se repite inexorablemente: cambios, reajustes, despedidas que incitan y abocan a la construcción de recursos psíquicos; como aquel que se ve obligado a fabricar o buscar herramientas para las nuevas labores que le van surgiendo.

A lo largo de la vida, en cualquier etapa, son muchos los cambios y las sensaciones de pérdida que reeditan, por así decirlo, las separaciones primigenias. El inicio de la escolarización, cambio de colegio, de casa o ciudad, el paso a la Universidad, las rupturas amorosas, cambio de trabajo… El dejar lo conocido, los vínculos, lo familiar… Los desprendimientos siempre ponen en primer plano la sensación de pérdida, al menos temporalmente, y la necesidad de reajustes emocionales, adaptaciones a los cambios. El proceso de desarrollo en sí es un proceso de cambio continuado que pone en juego la puesta en marcha de la construcción de nuevos recursos para afrontar la vida y las relaciones. De este modo se entiende que puedan surgir dificultades frente a los mismos. No siempre se está presto para un nuevo paso cuando el anterior ha sido difícil; surgen tropiezos en la andadura del crecimiento interno. Así, en ocasiones lo complejo de dicho proceso se hace más arduo y el niño necesita la comprensión y ayuda de sus padres y la del especialista. * Sobre la autora: Iluminada Sánchez García es psicóloga-psicoterapeuta, psicoanalista; docente de la Asociación Escuela de Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes de Madrid; codirectora de la revista digital En Clave Psicoanalítica; colaboradora de la Cadena Ser (Radio Castilla – Burgos) en un espacio sobre psicología y salud psíquica del niño y del adolescente. Coautora del libro “El Quehacer con los Padres” (HG Ediciones, 2010; coautoras: Ana María Caellas y Susana Kahane).

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La lactancia para el bebé es la forma de nutrirse. Nutrirse es alimentarse tanto fisiológicamente como afectivamente. El bebé nace completamente saciado y al cabo de unas horas empieza a sentir hambre, una sensación para él totalmente desconocida y que le produce malestar. El bebé solo sabe llorar para expresar su necesidad. Menos mal que llora! “El que no llora no mama” y con mucha razón. La madre, le da inmediatamente de comer para saciarle y tranquilizarle y el bebé se calma. Esto ocurre cada 3 horas aproximadamente y esto va creando experiencias muy satisfactorias en el bebé que le hace sentirse querido, protegido y cuidado. Estas experiencias positivas son fundamentales para que el bebé se desarrolle de una forma sana.

Además, y no menos importante, cada vez que la madre le da de comer, le toma en brazos, le mira, le habla y esto va creando un vínculo fundamental entre la madre y el bebé imprescindible para sentirse querido y seguro.

La lactancia materna es lo que ha preparado la naturaleza para los bebés y es perfecta. Sin embargo, una madre que no pueda dar lactancia materna a su bebé tampoco de sufrir por ello porque un biberón se puede dar con el mismo cariño que el pecho. Hay mujeres que sienten mucha presión por la familia, amigas o medios y se sienten muy frustradas si no lo logran. Desde aquí me gustaría tranquilizarlas para que puedan desarrollar su faceta de madres sin presiones y disfrutando de su bebé.

Los padres pueden ayudar mucho en la lactancia, tanto si es materna como con biberón. Si es lactancia materna pueden contener a la gente que quiere visitar en el hospital a la madre y que suele resultar un exceso para la madre. La lactancia materna es una situación muy íntima, nueva para la madre y para el bebé y las visitas alteran en muchos casos la nueva marcha de la lactancia. Si la madre no quiere visitas, el padre tendrá que hacerlo respetar. Y si es lactancia con biberón, el padre puede ayudar a la madre con biberones. Aunque el referente de la comida en bebés debe de ser siempre una persona, precisamente porque no solo es comida lo que reciben si no cariño, afecto y van incorporando poco a poco ese mundo al que acaban de llegar.

Cuando la lactancia es agradable y satisfactoria para un bebé cabe esperar que incorporará la realidad externa de esta forma también y se convertirá en un bebé con ganas de explorar y curioso porque lo que viene de fuera le gusta. Sin embargo, cuando un bebé no incorpora de una forma grata la comida le puede costar un poco más explorar y sentir curiosidad del mundo externo.

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Este año quiero que me traigas tiempo para dárselo a mis padres para que tengan más para jugar conmigo.

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Vengo de un congreso de SEPYPNA (Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente) y todos los profesionales subrayan lo fundamental que es para los bebés que les atiendan la mayor parte del tiempo posible los padres durante los primeros años.

Durante los dos primeros años, el bebé se prepara para sentirse seguro, querido, confiado y eso le va a permitir tener curiosidad e interés por las relaciones sociales y por el mundo externo que le rodea con todos los aprendizajes que conlleva. Sin embargo, si el bebé no se siente querido, seguro, confiado, entonces NO avanzará en esos aprendizajes.

 

Cómo se enseña esto? En realidad no se enseña, se transmite. Una madre, y el padre poco a poco, desarrollan un vínculo afectivo con su bebé, desarrolla un apego con el que el bebé se siente seguro y le permite desarrollar emociones que le despiertan la curiosidad por lo que le rodea. Sin embargo, el bebé que no se siente seguro, utilizará todo su tiempo y escasos recursos reclamando esos lazos que necesita para sentirse confiado y querido. La manera de expresar que tienen los bebés es el sueño, la alimentación, el llanto, el comportamiento, etc. Son sus vías de expresión!!!! Protestarán hasta que los padres puedan mirarle de otra forma y entender que su bebé necesita de ellos. A veces, para esto se necesita de profesionales que puedan ayudar a entenderles.

 

Ante cualquier duda, padres, debéis de consultar. No esperéis para ver si se pasa esa temporadita mala porque se podría empeorar. Ante la duda es mejor siempre consultar con el profesional adecuado de salud mental que es de lo que hablamos. La prevención, la consulta para entender es algo que solo os va a ahorrar dificultades a vosotros y a vuestros hijos. Los psicólogos y los psiquiatras, los profesionales de salud mental estamos para prevenir y ayudar, así como el pediatra también está para prevenir otro tipo de trastornos

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En el último post hablaba de cómo una adaptación escolar puede arrastrar pequeñas o grandes alteraciones en la alimentación, en el control de esfínteres o en el sueño. Decía que esto es normal porque el bebé o el niño pequeño no tienen lenguaje suficiente para explicaros lo que les pasa y utilizan estos medios para llamaros la atención. Yo siempre digo que los niños son muy listos y llaman la atención cuando lo necesitan, otra cosa es que nosotros los queremos/podamos escuchar y comprender….

Es importante que los niños tengan buenos hábitos de sueño porque en momentos conflictivos (pesadillas, mudanza, adaptación escolar, incorporación de la madre al trabajo, un hermano, una enfermedad) aunque se alteren un poco será más fácil recuperar la normalidad.

 

Hábitos:

         Diferenciar el día de la noche cuando son bebés.

         Dormir en su cuarto cuando ya no caben en el cuco.

         Cuando se despiertan por la noche para comer los bebés, dadles de comer pero intentad no jugar con ellos, hacedlo en la penumbra. El mensaje que le tenéis que transmitir es “ahora no es hora de jugar”. Dejadle en su cuna cuando terminéis. Durante el día, sí que jugaréis con ellos cuando lo pidan

         Acostúmbradle a rutinas: juego, baño, masaje, cena, algo tranquilo con padre/madre y a dormir.

         La siesta de después de comer tienen que ser poco a poco una siesta donde se fomente la tranquilidad como por la noche para que poco a poco sea más larga. Cuando tienen 18 meses, los padres agradecéis esa siesta para el bien de todos. Si se acostumbra a dormir por la calle, con ruido, con luz, tenderá a ser una siesta muy corta y poco recuperadora con lo que por la tarde estaréis todos más alterados.

         A partir de los 9 meses les hace mucha compañía un asito de peluche que escojan ellos. Les hace compañía y les tranquiliza mucho.

         En la época de miedos pueden querer una luz o la puerta abierta. No pasa nada. Eso les tranquiliza.

         Procurad que no duerman en vuestra cama. La cama de papá y mamá es estupenda para leer un cuento y para estar a veces durante el día, pero no para dormir. A esto se acostumbran de pequeños y no hay problemas. Sin embargo, los padres tienen excusas miles para justificar que el niño duerme con ellos: está malito, tiene fiebre, me he levantado ya 4 veces y mañana tengo una reunión importantísima, tiene pesadillas, etc. A larga, todo esto empeora las cosas y cada vez le costará más al niño dormir solo y ser autónomo.

 

Los padres ponen, a veces como excusa que el niño no puede dormir solo, pero en parte a los padres les gusta dormir con los niños. Son los padres los que tienen que proponerse ayudar al niño a que duerma solo, aunque eso a veces supone, al principio levantarnos más veces para llevarle a su cama o acompañarle. Pero a la larga descansaréis TODOS.

 

Siempre hay un padre con el que el niño se va más tranquilo a la cama. En momentos difíciles turnaros y ayudaros en eso. Si vosotros estáis tranquilos, poco a poco le transmitiréis esa calma.

 

Si tenéis alguna historia que compartir, estará encantada de comentarla.

 

 

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image2Los bebés prematuros son unos supervivientes que luchan por vivir. La medicina ha mejorado mucho y con sus técnicas, hoy en día, se salvan muchos niños con un menor riesgo neurológico. Sin embargo, además del riesgo neurológico es importante prevenir el riesgo psíquico.

 

Hay bebés que necesitan incubadora y muchos medios médicos: respiración artificial, alimentación parental, sondas, vías, etc. Los padres ante toda esta visión se sienten muy frágiles, sufren mucho al ver luchar a ese hijo entre la vida y la muerte. Los padres tienen muchos sentimientos ambivalentes muy difíciles de hablar. Nadie les asegura que una vez dada el alta sean niños sin riesgos. Es más, son niños que tienen que pasar muchas revisiones médicas que entran dentro de un protocolo. Se les corrige la edad, y se les da a los padres mucha información difícilmente asimilable tan rápidamente.

 

El parto prematuro es un parto muy repentino, no esperado donde la madre se siente muy mal porque no le ha dado tiempo a prepararse y porque hay amenazas de problemas. Es una separación muy brusca tanto para la madre como para el bebé. Pero apenas tienen tiempo para pensar en eso, están al tanto de lo que dicen los médicos. Afortunadamente, hoy en día, ya hay psicólogos y enfermeras preparadas en las unidades de neonatos para atender las necesidades psicológicas de los padres y saben de la necesidad del piel a piel madre-bebé y lo facilitan y fomentan. Esto es fundamental porque el bebé necesita sentir a su madre para ir creando el vínculo afectivo, que es sentirse querido y seguro. Necesita a su madre, aunque esté triste, para que le ayude a soportar todas las incomodidades a las que está sometido (pinchazos, ruidos de máquinas, luces, etc). Sentirse en los brazos de su madre, contenido, con ese olor y esos ruidos de la madre tan familiares para él, solo le provoca tranquilidad. Los estudios demuestran como se normaliza el ritmo cardiaco en cuanto el bebé está piel a piel con su madre.

 

Cuando se da el alta, pueden ser niños de riesgo o no. Si son de riesgo entran en un protocolo y estarán muy vigilados y con muchos seguimientos. Sin embargo, aquellos que no entran dentro de este protocolo se siente muy indefensos porque nadie les ayuda a enfrentarse y a asimilar a esa nueva etapa que es ¿saldrá todo bien? ¿quién me ayuda? ¿dónde me dirijo? ¿Hay que estimularle, masaje, juego? A estas familias están dedicadas muchos de mis posts con el afán de ayudarles a superar estos momentos y ayudarles en sus dudas.

Aquí podéis encontrar respuestas a vuestras preguntas.

Si quieres leer otros posts en los que se habla de bebés prematuros pincha aquí:

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El baño y el masaje junto con la alimentación y el momento de irse a dormir son de los momentos más afectivos e importantes para el bebé. Por lo tanto, son momentos de los que se deben encargar los padres pues en ellos transmitimos el afecto, el cariño y experiencias fundantes para la organización y estructuración de la personalidad del bebé.

 

Como decía en otro post, los sentidos más desarrollados son el tacto y el gusto, por lo que el baño y el masaje estimulan mucho este sentido y el niño es muy receptivo tanto si es una experiencia positiva como si es negativa. La alimentación desarrolla el gusto y chupando conoce el bebé el mundo que le rodea.

 

El baño supone una experiencia sensorial muy rica, el agua, el jabón, la esponja, vuestra mano, todo supone un estimulo para piel y puede ser muy placentero. Es un momento íntimo (a lo largo de la vida lo será), afectivo y muy rico que debe ser compartido con los padres. La toalla, secarles, la crema, el masaje son igualmente momentos muy afectivos por el que transmitimos mucha información: amor, cariño, sonrisas, comunicación, canciones, balbuceo.

 

Los bebés disfrutan muchísimo con este momento, relaja, se siente limpios, juegan, disfrutan de vosotros, libera tensiones e induce al sueño.

 

El momento de la alimentación es otro momento muy íntimo y afectivo. Recordaros como celebramos los adultos los momentos importantes: con comida. Esto quiere decir que la alimentación sirve para satisfacer una necesidad primaria pero también satisfacer una necesidad afectiva y por esta razón es muy importante que los padres se encarguen de ella siempre que puedan. Es otro momento donde se transmiten muchas experiencias satisfactorias.

 

Todas estas experiencias satisfactorias son las que van a ir organizando y estructurando la cabecita del bebé. Son los pilares básicos para luego poderle educar. Si estas experiencias son positivas, será un niño que se sienta seguro, querido, confiado y preparado para interesarse por el mundo que le rodea. Si estas primeras experiencias no son muy positivas, será un niño más inseguro y más reacio a querer conocer lo que le rodea.

 

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