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Archive for the ‘Masaje en prematuros’ Category


A menudo solemos considerar, los adultos, que solo es tiempo bien aprovechado por los niños el que alimenta al intelecto, tachando de tiempo perdido el invertido en jugar, dibujar, fantasear. Asimismo, la actitud de leer es vista como un valor en sí y como medio de adquisición de cultura y conocimientos. Mientras, el aspecto de la lectura que permite encauzar, escenificar imaginariamente y hacer de vehículo a lo emocional, no suelen advertirse o contemplarse.

El juego es bien mirado y fomentado si es del tipo llamado pedagógico, es decir, con función de instruir y agilizar aptitudes. El mensaje que intentamos transmitir acostumbra ser: hay que aprovechar e invertir bien el tiempo, adquirir conocimientos, producir. No es mal mensaje, pero sí insuficiente en cuanto a que deja de lado, y no incluye, necesidades fundamentales del niño para su crecimiento personal. No entraremos a ver porqué los adultos tendemos a polarizar el objetivo ahí. Ello es otra historia. Centrémonos en esta ocasión en lo que en realidad ocurre por el lado del niño.
Esas “cosas de niños”, que muchas veces se nos antojan insustanciales, son las que dan paso a las “cosas de mayores”. No hay progreso sin descubrimientos, no hay descubrimientos o inventos sin la imaginación y el fantaseo. Y, esto vale para cualquier tipo o clase de progreso. ¿Dónde empieza la capacidad de hablar, pensar, de razonar, de crear? Pues, justamente allí donde residen la Fantasía, el Deseo y la capacidad de Simbolizar.
En el ser humano, todo parte y arranca de la infancia y “sus cosas”. El niño es el futuro adulto y el adulto es fruto de las vivencias del niño. La niñez es algo más que una serie de acontecimientos perdidos o descoloridos ya en la memoria; es algo impreso y presente en lo que somos, nos lo parezca o no.
Desde el comienzo de la vida el sujeto tiene que enfrentarse con un gran abanico de sensaciones y sentimientos. Tendrá por delante la tarea de aprender a manejarlos, afrontarlos, asumirlos y desarrollar defensas y recursos psíquicos. Habrá de aprender a manejarse no solo con lo que le sucede, sino también, con lo que le suscitan las situaciones. Unas sensaciones serán negativas, otras placenteras; unos sentimientos se percibirán como rechazables o peligrosos, otros conflictivos y contradictorios. Algunos de los difíciles a afrontar serán: miedo, cólera, celos, envidia, agresividad, angustia, pérdidas, frustración, tristeza, impotencia… Ponerles palabra, asumirlos como propios y deslindarlos es una ardua tarea (siempre lo es, aunque seamos ya adultos), y para ello tiene el recurso del juego, la fantasía, los cuentos, el dibujo… (el adulto domina la palabra, tiene otros medios). Desde ese plano, lúdico e imaginativo, exteriorizándolo en objetos e historias, podrá tomar distancia, dominarlos, manejarlos una y otra vez, darles vueltas y “darles la vuelta”. Son su trabajo, son sus “cosas de niños”, son sus herramientas en la tarea de crecer como persona. Por eso, espontáneamente, desde que se asoman a este mundo que tienen que descubrir y entender, los niños, juegan y fantasean. Juegan con juguetes o transformando lo que
tienen a mano en juguetes. Escenifican sus fantasías, sus deseos, sus sueños, sus afectos, sus inquietudes,…
Es su forma de gestionar psíquicamente y aprender a vivir, mientras, además, buscan su identidad y su propio camino como persona. Cada actividad lúdica tendrá matices especiales, posibilitando dar salida y encauce a diferentes aspectos emocionales. En el dibujo, por citar alguna, encontramos, a parte de la expresión de todo lo anteriormente mencionado, la búsqueda de dejar huella.
Muchas veces los adultos, niños que ya crecimos, miramos todo ello desde nuestra atalaya sin ver. Sin ver, porque lo hemos olvidado (ha pasado al “disco duro” si se me permite esta metáfora), que los contenidos que, por ejemplo, están en los cuentos que nos piden que les contemos o que repitamos una y otra vez, son los que están tratando de entender, elaborar y dominar. El cuento, a través de la fantasía, como el jugar o dibujar e inventar historias, abre la puerta a la identificación de las emociones.
El niño necesita cómplices para su crecimiento, que acepten que “pierda” (gane) el tiempo con cuentos, tebeos, juegos…con sus importantes y sustanciales “cosas de niños”, cuyo valor no se distingue bien porque actúan de modo subterráneo, interno, a largo plazo, en el marco de la educación y el desarrollo, no sólo del intelecto sino, global de la personalidad.
Un niño que está jugando, hablando con sus juguetes, escenificando sus guiones de fantasías, dibujando, modelando, escuchando o leyendo un cuento, está trabajando en el proceso de su desenvolvimiento interno. Reconocerlo y respetarlo es reconocer y respetar una necesidad. Cuando es así, el niño recibe el mensaje de que él y sus intereses merecen consideración. El pequeño, mientras lleva a cabo esas ocupaciones, también aprende, ejercita su capacidad de concentración, crea, pone en marcha la elaboración de lo que descubre en sí y en su entorno así como de lo que le suscita conflicto o temores. Por eso los psicoterapeutas utilizamos esas mismas herramientas como instrumentos y vía de acceso, tanto para el conocimiento como para tratar los padecimientos y problemáticas de los niños.
A cada edad habrá unos intereses y unas necesidades diferentes en lo tocante al ámbito de lo emocional y eso se reflejará en sus manifestaciones lúdicas. La exploración del entorno, la curiosidad sobre las cosas y los demás, los deseos, los temores, las frustraciones, la búsqueda de alivio de lo que impacta o contraría, lo que cuesta asumir, los conflictos que surgen la relación con los demás… estarán siempre de fondo como promotoras de esas actividades espontáneas. Ante un niño que no siente interés en estas actividades hemos de preguntarnos por qué, pues puede ser indicativo de una dificultad y necesidad de ayuda.
Las “cosas de niños”, como se ha subrayado, son toda una tarea de gran calibre para el desarrollo en general y de la vida psíquica muy especialmente; no son ni estériles ni insustanciales, como a veces puedan parecernos. Por lo tanto, como padres hemos de darles el lugar que les corresponde a esas “cosas”, propiciando que ese tiempo lúdico, ese tiempo propio, libre y no pautado, donde ponerlas en marcha, pueda tener cabida en su día a día.
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* Sobre la autora: Iluminada Sánchez García es psicóloga-psicoterapeuta, psicoanalista; docente de la Asociación Escuela de Clínica Psicoanalítica con Niños y Adolescentes de Madrid; codirectora de la revista digital En Clave Psicoanalítica; colaboradora de la Cadena Ser (Radio Castilla – Burgos) en un espacio sobre psicología y salud psíquica del niño y del adolescente. Coautora del libro “El Quehacer con los Padres” (HG Ediciones, 2010; coautoras: Ana María Caellas y Susana Kahane).

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La lactancia para el bebé es la forma de nutrirse. Nutrirse es alimentarse tanto fisiológicamente como afectivamente. El bebé nace completamente saciado y al cabo de unas horas empieza a sentir hambre, una sensación para él totalmente desconocida y que le produce malestar. El bebé solo sabe llorar para expresar su necesidad. Menos mal que llora! “El que no llora no mama” y con mucha razón. La madre, le da inmediatamente de comer para saciarle y tranquilizarle y el bebé se calma. Esto ocurre cada 3 horas aproximadamente y esto va creando experiencias muy satisfactorias en el bebé que le hace sentirse querido, protegido y cuidado. Estas experiencias positivas son fundamentales para que el bebé se desarrolle de una forma sana.

Además, y no menos importante, cada vez que la madre le da de comer, le toma en brazos, le mira, le habla y esto va creando un vínculo fundamental entre la madre y el bebé imprescindible para sentirse querido y seguro.

La lactancia materna es lo que ha preparado la naturaleza para los bebés y es perfecta. Sin embargo, una madre que no pueda dar lactancia materna a su bebé tampoco de sufrir por ello porque un biberón se puede dar con el mismo cariño que el pecho. Hay mujeres que sienten mucha presión por la familia, amigas o medios y se sienten muy frustradas si no lo logran. Desde aquí me gustaría tranquilizarlas para que puedan desarrollar su faceta de madres sin presiones y disfrutando de su bebé.

Los padres pueden ayudar mucho en la lactancia, tanto si es materna como con biberón. Si es lactancia materna pueden contener a la gente que quiere visitar en el hospital a la madre y que suele resultar un exceso para la madre. La lactancia materna es una situación muy íntima, nueva para la madre y para el bebé y las visitas alteran en muchos casos la nueva marcha de la lactancia. Si la madre no quiere visitas, el padre tendrá que hacerlo respetar. Y si es lactancia con biberón, el padre puede ayudar a la madre con biberones. Aunque el referente de la comida en bebés debe de ser siempre una persona, precisamente porque no solo es comida lo que reciben si no cariño, afecto y van incorporando poco a poco ese mundo al que acaban de llegar.

Cuando la lactancia es agradable y satisfactoria para un bebé cabe esperar que incorporará la realidad externa de esta forma también y se convertirá en un bebé con ganas de explorar y curioso porque lo que viene de fuera le gusta. Sin embargo, cuando un bebé no incorpora de una forma grata la comida le puede costar un poco más explorar y sentir curiosidad del mundo externo.

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Este año quiero que me traigas tiempo para dárselo a mis padres para que tengan más para jugar conmigo.

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En el último post hablaba de cómo una adaptación escolar puede arrastrar pequeñas o grandes alteraciones en la alimentación, en el control de esfínteres o en el sueño. Decía que esto es normal porque el bebé o el niño pequeño no tienen lenguaje suficiente para explicaros lo que les pasa y utilizan estos medios para llamaros la atención. Yo siempre digo que los niños son muy listos y llaman la atención cuando lo necesitan, otra cosa es que nosotros los queremos/podamos escuchar y comprender….

Es importante que los niños tengan buenos hábitos de sueño porque en momentos conflictivos (pesadillas, mudanza, adaptación escolar, incorporación de la madre al trabajo, un hermano, una enfermedad) aunque se alteren un poco será más fácil recuperar la normalidad.

 

Hábitos:

         Diferenciar el día de la noche cuando son bebés.

         Dormir en su cuarto cuando ya no caben en el cuco.

         Cuando se despiertan por la noche para comer los bebés, dadles de comer pero intentad no jugar con ellos, hacedlo en la penumbra. El mensaje que le tenéis que transmitir es “ahora no es hora de jugar”. Dejadle en su cuna cuando terminéis. Durante el día, sí que jugaréis con ellos cuando lo pidan

         Acostúmbradle a rutinas: juego, baño, masaje, cena, algo tranquilo con padre/madre y a dormir.

         La siesta de después de comer tienen que ser poco a poco una siesta donde se fomente la tranquilidad como por la noche para que poco a poco sea más larga. Cuando tienen 18 meses, los padres agradecéis esa siesta para el bien de todos. Si se acostumbra a dormir por la calle, con ruido, con luz, tenderá a ser una siesta muy corta y poco recuperadora con lo que por la tarde estaréis todos más alterados.

         A partir de los 9 meses les hace mucha compañía un asito de peluche que escojan ellos. Les hace compañía y les tranquiliza mucho.

         En la época de miedos pueden querer una luz o la puerta abierta. No pasa nada. Eso les tranquiliza.

         Procurad que no duerman en vuestra cama. La cama de papá y mamá es estupenda para leer un cuento y para estar a veces durante el día, pero no para dormir. A esto se acostumbran de pequeños y no hay problemas. Sin embargo, los padres tienen excusas miles para justificar que el niño duerme con ellos: está malito, tiene fiebre, me he levantado ya 4 veces y mañana tengo una reunión importantísima, tiene pesadillas, etc. A larga, todo esto empeora las cosas y cada vez le costará más al niño dormir solo y ser autónomo.

 

Los padres ponen, a veces como excusa que el niño no puede dormir solo, pero en parte a los padres les gusta dormir con los niños. Son los padres los que tienen que proponerse ayudar al niño a que duerma solo, aunque eso a veces supone, al principio levantarnos más veces para llevarle a su cama o acompañarle. Pero a la larga descansaréis TODOS.

 

Siempre hay un padre con el que el niño se va más tranquilo a la cama. En momentos difíciles turnaros y ayudaros en eso. Si vosotros estáis tranquilos, poco a poco le transmitiréis esa calma.

 

Si tenéis alguna historia que compartir, estará encantada de comentarla.

 

 

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image2Los bebés prematuros son unos supervivientes que luchan por vivir. La medicina ha mejorado mucho y con sus técnicas, hoy en día, se salvan muchos niños con un menor riesgo neurológico. Sin embargo, además del riesgo neurológico es importante prevenir el riesgo psíquico.

 

Hay bebés que necesitan incubadora y muchos medios médicos: respiración artificial, alimentación parental, sondas, vías, etc. Los padres ante toda esta visión se sienten muy frágiles, sufren mucho al ver luchar a ese hijo entre la vida y la muerte. Los padres tienen muchos sentimientos ambivalentes muy difíciles de hablar. Nadie les asegura que una vez dada el alta sean niños sin riesgos. Es más, son niños que tienen que pasar muchas revisiones médicas que entran dentro de un protocolo. Se les corrige la edad, y se les da a los padres mucha información difícilmente asimilable tan rápidamente.

 

El parto prematuro es un parto muy repentino, no esperado donde la madre se siente muy mal porque no le ha dado tiempo a prepararse y porque hay amenazas de problemas. Es una separación muy brusca tanto para la madre como para el bebé. Pero apenas tienen tiempo para pensar en eso, están al tanto de lo que dicen los médicos. Afortunadamente, hoy en día, ya hay psicólogos y enfermeras preparadas en las unidades de neonatos para atender las necesidades psicológicas de los padres y saben de la necesidad del piel a piel madre-bebé y lo facilitan y fomentan. Esto es fundamental porque el bebé necesita sentir a su madre para ir creando el vínculo afectivo, que es sentirse querido y seguro. Necesita a su madre, aunque esté triste, para que le ayude a soportar todas las incomodidades a las que está sometido (pinchazos, ruidos de máquinas, luces, etc). Sentirse en los brazos de su madre, contenido, con ese olor y esos ruidos de la madre tan familiares para él, solo le provoca tranquilidad. Los estudios demuestran como se normaliza el ritmo cardiaco en cuanto el bebé está piel a piel con su madre.

 

Cuando se da el alta, pueden ser niños de riesgo o no. Si son de riesgo entran en un protocolo y estarán muy vigilados y con muchos seguimientos. Sin embargo, aquellos que no entran dentro de este protocolo se siente muy indefensos porque nadie les ayuda a enfrentarse y a asimilar a esa nueva etapa que es ¿saldrá todo bien? ¿quién me ayuda? ¿dónde me dirijo? ¿Hay que estimularle, masaje, juego? A estas familias están dedicadas muchos de mis posts con el afán de ayudarles a superar estos momentos y ayudarles en sus dudas.

Aquí podéis encontrar respuestas a vuestras preguntas.

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Frédérick Leboyer nos cuenta quién es Shantala en su libro: Shantala. Un arte tradicional, el masaje de los niños.

 

Shantala era una mujer que tenía dos hijos y llegó a una casa de acogida, Seva Sangha Sariti, cerca de Calcuta. Un día, Leboyer la vio sentada en el suelo dándole un masaje a su bebé. Era como un ritual revestido de una gran dignidad, como un ballet, muy justo en el ritmo y de gran lentitud. Había tanta ternura…comenta Leboyer.

 

Le pidió permiso para mirar, observar y aprender.

 

El masaje de bebés es un arte tan antiguo como profundo. Simple pero difícil. No es solo aprender la técnica, es amar, observar al bebé, escuchar, transmitir. Es entender su tiempo, observar lo que nos transmite y darle lo que necesita, a su ritmo, con la presión justa, donde lo necesita. Es estar atenta y abierta. La presión va cambiando a medida que conocemos al bebé y él conoce lo que hacemos con él.

 

Es un lenguaje tónico donde la comunicación es un toma y daca y debemos de estar atentos a lo que el bebé nos dice en cada momento. Os recomiendo leer la poesía de Shantala que tengo publicada en este blog. Refleja muy bien y de una forma poética la importancia del masaje en los bebés.

 

El masaje Shantala es la técnica básica que utilizamos en nuestros grupos.

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Hoy me gustaría que pensaseis en vosotros. ¿Qué tal dormís? ¿Os cuesta conciliar el sueño? ¿Sabéis por qué? ¿Qué es lo que no os deja dormir a veces?¿Dormíais así de pequeños? Pensadlo un rato. No hay una regla y cada persona y cada niño duerme de una forma diferente. Aquello que le gusta a uno para dormir, le altera a otro. Los consejos de otros no nos ayudan.

 

A los niños les ocurre lo mismo. Irse a dormir supone separarse de mamá, de papá, quedarse solo, con uno mismo, a oscuras… Cuando un niño se encuentra bien, tranquilo, seguro, suelen dormir bien. Sin embargo, cuando un niño pasa por algún momento más alterado, como el comienzo en la escolaridad, mudanza, un hermano, etc puede dormir peor una época. Pero si debéis de tener en cuenta que es muy bueno para el desarrollo emocional y para la autonomía que los niños aprendan a dormir solos.

 

Los niños tienen que aprender a dormir y eso se lo enseñan los padres. Muchas veces las alteraciones del sueño puntuales vienen provocadas por agentes externos, pero el hábito del sueño se lo enseñan los padres. Otro día hablaremos de los hábitos del sueño.

 

El sueño del bebé prematuro puede ser inquieto porque durante el tiempo que ha estado en la incubadora había muchos estímulos que le perturbaban su sueño y eran situaciones en su mayoría poco agradables (pinchazos, cables, ruidos de máquinas, manipulaciones…). Afortunadamente cada vez es más posible que estén en brazos de sus padres. Al llegar a casa reclaman estos brazos bastante a menudo porque es lo que les calma y eso les ayuda a sentirse queridos y a desarrollar ese vínculo tan importante del que hablábamos hace unos días.

 

Suele ocurrir que los padres, ante un bebé tan frágil, en cuanto lloran os asustáis y pensáis que le puede pasar algo, con lo que les cogéis enseguida. Y en ese momento, y hasta que conozcáis mejor al bebé, es lo mejor que podéis hacer (aunque descanséis menos).  Mi experiencia es que una vez que el pediatra os dice que el bebé está sano, empezáis a entender que no le pasa nada e intentáis calmarle, pero sin tanta angustia.

 

Posiblemente pasa tiempo hasta que entendéis que está sano y no os preocupe tanto su llanto y aprenderéis a manejarlo de otra forma.

 

Suelo decir a los padres que en estas fases es importante que os turnéis. A veces, los padres, tienen más facilidad para separarse del bebé afectivamente y no lo pasan tan mal cuando lo dejan en la cuna, aunque se quejen un poquito. Lo importante es que vosotros estéis seguros, os sintáis bien con lo que hacéis.

 

En nuestros grupos hablamos del sueño y del llanto, dos temas que os preocupan mucho.

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